La felicidad de quién Elige Vivir Sano

Ingresado el 25 junio, 2012 | Por mcabrera

Wenceslao Unanue

Profesor Universidad Adolfo Ibáñez y Ph.D Researcher, University of Sussex, UK

Junio, 2012

La Felicidad de quien Elige Vivir Sano

Más de 40 años de investigación científica han logrado demostrar que la felicidad nos hace bien. Sí, así es, nos hace bien tanto a los individuos, como a las organizaciones y a los países. Por ejemplo, a nivel individual, las personas más felices viven más años, se enferman menos, se recuperan más rápido frente a cirugías mayores, y su sistema inmunológico y su química corporal son más fuertes. En resumen, su salud es mejor.

Pero además, las personas más felices aprenden más rápido, son más creativas y tienen relaciones familiares más duraderas. Pero eso no es todo. A nivel organizacional se ha encontrado que las personas más felices son personas más productivas, se ausentan menos de sus puestos de trabajo, rotan menos, están más abiertas al cambio, son más innovadoras y ayudan a generar un mejor clima organizacional.

Pero además, a nivel país (o incluso planetario), se ha descubierto que las personas más felices protegen más el medio ambiente, ayudan de mejor forma a mantener la paz social, y luchan más fuertemente por reducir las inequidades sociales.

Por lo tanto, si la felicidad hace bien, hay que promoverla. Pero para promoverla, habría que preguntarse primero cuáles son sus principales determinantes. En este sentido, la mayoría de las investigaciones científicas también coinciden en que elementos tales como el dinero, el trabajo, las relaciones familiares, los amigos, la pertenencia a comunidades, la confianza, el altruismo y la salud (mental y física) se encuentran entre sus principales factores de influencia.

Bhutan, un pequeño país enclavado en el Himalaya, desde hace mucho tiempo lo ha sabido. De hecho, su rey ya en 1972 declaró que para su pobre país, la felicidad era más importante que el ingreso. Pero no contento con la sola declaración, el país decidió orientar sus políticas públicas hacia la búsqueda de la Felicidad Interna Bruta. En Mayo recién pasado tuvimos la oportunidad histórica de contar con su Ministro de la Felicidad, quien vino a exponer al Primer Encuentro de Relaciones Saludables y Felicidad. Fue un honor tenerlo casi 4 días con nosotros. Dentro de las muchas lecciones que nos dejó, destaca el hecho de trasmitirnos con una fuerza y convicción admirables que para ellos, lo más importante es orientar sus acciones y políticas públicas hacia la maximización de la felicidad humana y planetaria. En este sentido, sus autoridades y habitantes colocan un especial énfasis en proteger y estimular el bienestar psicológico de la población; cuidar su medio ambiente; balancear el uso del tiempo, cuidando y promoviendo la vida en familia y la amistad; y respetar la cultura. Todo esto, a parte de preocuparse por los indicadores tradicionales de bienestar, tales como la salud, la educación y el ingreso.

Lecciones como estas nos llevan a pensar en Chile. ¿Qué estamos haciendo como país para ser más felices? A mi juicio, sin duda el programa Elige Vivir Sano del Gobierno de Chile es una iniciativa a destacar. Este programa, con muy pocos años de vida, ha declarado que sus objetivos se centran en lograr que los chilenos se alimenten mejor, realicen actividad física de calidad, disfruten en familia y aprecien, vivan y valoren el aire libre y la naturaleza.

Este programa, sin quererlo, ha decidido abordar parte de los más relevantes determinantes de la felicidad. Para mi gusto el nombre les ha quedado chico. Lo que ellos están haciendo es más que promover “vivir sano”. Lo que ellos están haciendo es promover felicidad. Porque vivir sano es ser feliz. Y porque ser feliz es incompatible con una mala alimentación, con el sedentarismo, con el alejamiento de la familia y con la desconexión con la naturaleza.

Lo que ellos han hecho es ser un ejemplo de política pública que supo adelantarse a los tiempos y que, con su grano de arena, está ayudando a que seamos un país más feliz.

Ejemplos como el anterior no hay muchos. Ahora depende de nosotros exigir a nuestras autoridades que sigan caminos como los de Bhutan o tantos otros que han ido en esta misma línea. De nosotros depende que este “hablar” de la felicidad pase del ámbito del hablarse al ámbito de las acciones. Esa es nuestra obligación.

 

 

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