Niños y alimentación: ¿Qué queremos enseñarles?
Ingresado el 19 junio, 2012 | Por mcabreraRecientes investigaciones y encuestas de salud pública han confirmado el aumento de las tasas de sobrepeso y obesidad infantil en nuestro país. Uno de cada tres niños en edad prescolar presenta un peso sobre el rango normal para su edad, lo que aumenta a uno de cada dos niños en edad escolar.
Sin duda de que hay múltiples factores que inciden en este fenómeno, entre los que se cuentan cambios en los estilos de vida, la actividad física que hacen los niños y la cantidad y calidad de los alimentos disponibles hoy en día.
Pero hay también factores relacionados con la forma en que les enseñamos a los niños a comer, en la relación que establecemos con la comida. Hay actitudes, formas en que alimentamos a las guaguas y niños, desde que son muy pequeños, que conviene examinar de cerca, ya que se pueden relacionar con diversas dificultades que se van instalando en los procesos de alimentación, y que inciden en la aparición de trastornos alimentarios en la infancia, y a la larga en problemas de salud. En nuestra cultura tenemos muy arraigado el que los niños deben comer toda la comida que les proveemos, a riesgo de enfermarse. No es raro que los padres se preocupen enormemente si su guagua no se toma toda la leche que suponemos debería tomar (basados en un criterio externo), o si el niño no se come el plato entero de comida que les servimos.
Peor aún si presenta selectividad en los alimentos (normal a cierta edad), ya que al ver que su hijo no come vegetales verdes algunos padres entran en pánico pensando en las vitaminas esenciales que el niño se está perdiendo. Estas ideas hacen que los padres, así como todas las otras personas encargadas de alimentar niños, se esfuercen de sobremanera para lograr introducir en la boca de los niños los preciados nutrientes, y en ese proceso pareciera que la premisa “todo vale” es la que impera.
Entonces vemos guaguas a las que, para que se tomen la leche le agregan azúcar y/o saborizantes, niños a los que se les da la comida en la boca hasta los 6 años, que aún a esa edad comen la comida pasada por la máquina, o que se les pone frente a un televisor para distraerlos mientras la mamá le va dando cucharadas de comida, lo más rápido posible para terminar luego el trámite. Todas estas conductas producen una desconexión de la alimentación con las percepciones y sensaciones que el proceso de comer tiene.
Si un niño está viendo tele, o leyendo un cuento mientras come, está pendiente de un estímulo ajeno al proceso, por lo que tendrá menos conciencia de los sabores, del masticar, y de la sensación de saciedad posterior. Lo mismo sucede si el niño come sin hambre, o no tiene control del proceso de comer (no toma la cuchara por ejemplo). Alimentarse es un proceso natural, que tiene el componente de la nutrición física, pero además es una instancia de compartir, de traspasar valores culturales (qué, cómo y dónde comemos), y es también nutrición afectiva.
Para los niños pequeños, el manipular los alimentos, explorar sus texturas y practicar la coordinación visomotriz al tomar un trozo de fruta y llevárselo a la boca, son experiencias de aprendizaje y de interacción con el ambiente que sientan las bases para el desarrollo de sentimientos de logro, autonomía y control, básicos para el desarrollo de su personalidad.
El compartir la hora de la comida con los papás y hermanos mayores en lugar de estar sentados solos en la sillita media hora antes viendo tele, contribuye al sentido de pertenencia, “soy parte de esta familia, de esta comunidad y participo de las instancias sociales”.
El respetar sus tiempos y límites (“este sabor realmente no me gusta y me produce rechazo”, “no me apuren me demoro en masticar”, “ya no tengo hambre, era un plato muy grande”) les enseña conciencia de su cuerpo y el respeto a sí mismo. Más que enseñarles a los niños a comer de todo, a usar correctamente los cubiertos, y a comportarse bien en la mesa, como padres deberíamos preocuparnos de traspasarles una relación sana con la comida.
Comer para vivir, en el sentido más amplio de la palabra, y no vivir para comer.
Autoras: Francisca Montedonico- Leslie Power
Fuente: Padres Ok- Junio 2012



