Televisión, desarrollo y aprendizaje

Ingresado el 13 abril, 2012 | Por mcabrera

Los niños y las niñas juegan a lo que ven y aprenden jugando. Hasta los seis años, una fuente primordial de aprendizaje y de juego es la imitación de lo que está a su alrededor. Ver televisión forma parte importante de las actividades cotidianas en su vida, así como y en las de sus familias. Pero, ¿cómo aprovechar a la televisión para el desarrollo de nuestros hijos/as?

Una encuesta del año 2007 (Adimark-Time Ibope y Mindshare) indicó  que un 70% de los niños y niñas de menos de 3 años ven tele. Además, que entre los 4 y 12 años veían 4 horas por día. Se calcula que ven en promedio entre 2 y 2,5 horas diarias. A eso hay que agregar el uso de otros medios y tecnologías: las consolas de videojuego, el computador, los videos de YouTube, los celulares, etc.

Esto ha afectado a los espacios tradicionales de juego y el tiempo dedicado a los juegos de socialización, en los que interactúan física y presencialmente con sus pares.   Bien utilizado y si se tiene acceso a una oferta adecuada y de calidad,  la televisión  es un surtidor inagotable de oportunidades de entretención, de ventanas de acercamiento a distancia con el mundo y la naturaleza, de recursos de imitación e incluso de aprendizaje de otros idiomas. Pero para ello, la mediación positiva de los adultos en la enseñanza de hábitos relacionados al uso de los medios es crucial. Especialmente desde la primera infancia.

Se sugiere entonces que los educadores y los encargados del cuidado de los niños y las niñas, se hagan las siguientes preguntas: ¿Cómo se están relacionando con la televisión? ¿Los programas que ven son especialmente dirigidos a ellos? ¿Qué imagen de niño o de niña se entrega en éstos? ¿Los héroes son siempre niños/as o bien hay un equilibrio y complemento entre las niñas y los niños? Como educadora, como padres, ¿nos sentimos representados con los valores y los modelos que ese programa propone? ¿Qué hay sobre el grado de violencia de los contenidos?  ¿Cómo enseñan a resolver los conflictos? ¿Qué pasa cuando los niños y niñas ven programas orientados a los adultos que están a su cargo? Responderlas nos ayudará a graficar, de modo concreto, cuáles son hoy las experiencias cotidianas de los niños y niñas con la televisión.

Consejos para el uso de la televisión

La televisión se usa a veces como un recurso de recompensa, de corrección de la conducta o incluso de castigo de los niños y de las niñas. A veces también de sustituto del cuidado adulto. Todo ello no corresponde.

Los programas nunca van a reemplazar el cariño, cuidado y la atención directa que deberían procurarle a los niños y a las niñas las personas que están a su cargo. Aún así, conviene tener claro qué  tipo de programas de televisión ven, en qué momento del día, cuántas horas, si ven tele solos o acompañados, si tienen televisor en su pieza.

Cuide lo que ve cuando están presentes. Hay papás y mamás que creen que si los niños/as son chicos no importa que vean noticias, teleseries, realities o programas de farándula con ellos. Argumentan que estos no se dan cuenta de lo que pasa, que no le prestan atención. Pero los niños y niñas son receptores activos. Estudios muestran que si se exponen a ese tipo de contenidos pueden tener pesadillas, susto, estados de angustia o mostrarse más agresivos. Otras investigaciones afirman que los niños y niñas menores de cinco años no distinguen entre las situaciones reales y las situaciones de fantasía. No es bueno que los niños y niñas vean teleseries, noticias, matinales, realities y programas para adolescentes.

Nos los/as dejes solos. Algunas familias dejan a los niños y a las niñas ver canales de televisión para niños/as, pero sin tope de horario o de tiempo. Piensan que al ser un modo de entretención y de educación segura, no es necesario que estén presentes. Sí lo es. La televisión provee de contenidos, historias y experiencias, pero para que sean útiles al aprendizaje es importante estar presentes o al menos, alertas y dialogar con ellos/as sobre lo que ven.

Evitar TV durante los primeros 3 años. Respecto a  los más pequeños, hoy existen programas especialmente dedicados a quienes tienen entre 0 y 3 años. Hay países, como Francia, en los que recientemente se prohibió emitir esta oferta, la de la Baby TV. Esta medida fue adoptada basándose en estudios que afirman que antes de los tres años esta podría ejercer un daño en el desarrollo neurológico.

Para las mamás que amamantan, se les invita a alimentar a sus hijos sin el televisor encendido, para que ese momento sea uno de comunicación directa entre ambos.

Limitar horario. Se recomienda un máximo de 20 minutos de televisión al día, para niños de entre 4 y 6 años.

Ser especialmente selectivos respecto a los programas. No prender la tele para ver televisión, sino que escoger programas de televisión para ver (apropiados para la edad). Ojalá acompañarlos en esos momentos, para luego comentar con ellos. Aprovecharlos como instancia para el desarrollo de la expresión y del lenguaje.

Tomar posición ante la publicidad y sus formas. Algunos estudios establecen una relación entre el tiempo de ver televisión, el sedentarismo y los índices de obesidad infantil, un problema de salud pública en Chile. Millonarias sumas de dinero son invertidas para que los niños y las niñas se interesen en consumir tanto  juguetes como comida. Está también la publicidad orientada a otros públicos y edades. Aquí se ha estudiado la tendencia a la hiper-sexualización de los más pequeños, especialmente de las niñas. Guiarlos frente a estos contenidos y limitar su exposición a ellos es fundamental.

Dialogar y desterrar la violencia. Por otra parte, la violencia exhibida en la pantalla y su reproducción social por imitación ha sido uno de los ejes más estudiados en la relación que los niños y niñas establecen con la televisión. Al respecto, nos parece que es de criterio común partir por casa y por nosotros mismos, es decir comenzar por desterrar en nuestra vida cotidiana, actitudes de maltrato verbal, sicológico y físico para con nuestros seres queridos y para con nuestro prójimo. También podemos explicarle a los hijos/as porqué preferimos que no vean, por ejemplo, un mono animado que nos parezca violento.

No convertirla en el centro del hogar. La tele es tan sólo un estímulo más, que se prende y apaga fácilmente. Ojalá que no esté ubicada en un lugar central de la casa, en la pieza de los niños/as o que esté prendida todo el tiempo.

Autora: Rayén Condeza Dall’Orso  Profesora del Magister en Comunicación y Educación UC  PhD(c) Comunicaciones (Comunicación  desarrollo) Universidad de Montréal  www.comunicacionesuc.cl

 

 

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